22 años sin Ramiro «Chocolatín» Castillo
La flama de uno de los mejores jugadores de nuestra historia dejó de centellar en 1997

22 años sin Ramiro «Chocolatín» Castillo

Bolivia
Manuel Urquieta | Twitter: @KikaiScouting
Manuel Urquieta | Twitter: @KikaiScoutingsábado, 19 de octubre de 2019

Hablar y recordar a Ramiro Castillo es poner en la palestra al máximo exponente hasta nuestros días de la agilidad y sagacidad del futbolista yungueño. Hijo pródigo de su natal Coripata, Ramiro llegaría a La Paz de la mano de su hermano mayor Eloy, otrora arquero de The Strongest sobre finales de los años 80.

Con tan solo 15 años y los sueños de gloria comenzando a dar sus primeros pasos, Ramiro no sería aceptado inicialmente en el plantel gualdinegro por su físico menudo y su joven edad. La necesidad de apoyar a una familia numerosa lo obligó a probar suerte en 31 de Octubre y luego en Municipal, mientras terminaba el bachillerato.

LA SEGUNDA FUE LA DEFINITIVA

Dos años después de fallar su primera prueba, Castillo volvería a Achumani y no decepcionaría. Wilfredo Camacho, entrenador atigrado, dispondría su ingreso durante un amistoso con Bolívar en el cual protagonizaría un gran gol de media bolea.

Ese sería el gancho final para el coripateño. Con tan solo 18 años Ramiro Castillo estrechaba la mano de don Rafael Mendoza Castellón para sellar su primer contrato profesional y comenzar a trazar su historia.

Sus primeros años como gualdinegro le brindarían muchas amistades, entre las más entrañables sería la de Luis Iriondo, emblema atigrado desde el desastre de Viloco. Con Iriondo como mentor, el joven “chocolatin” tenía una escuela de vida que lo complementaría como jugador y persona.

DE CORIPATA PARA EL MUNDO

Dos años de grandes producciones para The Strongest le darían la notoriedad necesaria para ser fichado en el fútbol argentino. Instituto de Córdoba, Argentinos Juniors, Platense y Rosario Central se regocijarían en su juego, pero sería River Plate el punto más alto en su carrera internacional.

Con la institución de Núñez jugaría solo 10 partidos y anotaría un gol, siendo dirigido por Daniel Passarella en la Libertadores y el torneo local. Durante el certamen continental de 1991, enfrentaría a Bolívar y Oriente Petrolero con poco éxito, quedando fuera de competición en fase de grupos.

La histórica clasificación de Bolivia a la Copa Mundial de 1994 localizaba a Ramiro Castillo como uno de los jugadores más cotizados por representantes. Su vigente contrato con Platense de Argentina se veía acechado por ofertas de clubes europeos, pero al final ninguna llegaría a concretarse. Su fama en el futbol argentino vendría con un calificativo de “tímido pero muy explosivo”, algo totalmente fuera de la realidad.

UN POLÉMICO CAMBIO DE VEREDA

Tras su exitoso paso por Argentina y un corto retorno a The Strongest, Castillo pasaría al Everton de Chile donde sería figura en su primer y único campeonato. Meses después y para sorpresa del fútbol nacional, Bolívar anunciaba su contratación como un estelar.

Aun en nuestros días, este es uno de los más recordados y controvertidos fichajes del fútbol boliviano, considerando que Castillo es y será un emblema atigrado. Su brillante trayectoria en Bolívar lo haría rápidamente convocado a la selección boliviana con la que participaría de la Copa América 1997.

EL PRINCIPIO DEL FIN

El torneo más antiguo de selecciones retornaba a Bolivia y la ‘Generación 1994’ nos invitaba nuevamente a soñar. Ganar la Copa América no sería extraño para los bolivianos porque ya se había logrado ese hito en 1963 con una gran camada de jugadores.

Después de una gran performance de grupo, la ‘Verde’ llegaba nuevamente a una final, con Ramiro Castillo como uno de sus principales generadores de juego. Su magnífica performance ante México lo puso nuevamente en el radar internacional, a la espera de ver lo que podría hacer contra Brasil en la final.

Minutos antes a iniciar el partido decisivo, el 29 de junio de 1997, una llamada cambiaría la vida de Ramiro en un instante. Su hijo José Manuel de 7 años, estaba internado por un cuadro hepático complicado y era necesaria su presencia en el hospital, poco después se confirmaría su deceso.

Era un golpe letal para el futbolista y del que no lograría recuperarse. Castillo no solamente no jugó la final de la Copa América, sino que entró en un cuadro depresivo que ensombreció su mundo en pocos días. Solamente tres meses después, Ramiro decidiría quitarse la vida en su domicilio, solo en su sufrimiento.

Las exequias por su fallecimiento fueron multitudinarias. Sus compañeros de selección cargaron el féretro y se decretó un duelo nacional de 30 días. Era el final de una de las historias más lindas del fútbol boliviano, pero el inicio de una leyenda, la de Ramiro, el “chocolatin” coripateño.