Emprender por necesidad: Así se reinventaron los futbolistas profesionales en Bolivia durante la pandemia
Hicieron delivery, montaron barberías o vendieron productos de bioseguridad para generar recursos

Emprender por necesidad: Así se reinventaron los futbolistas profesionales en Bolivia durante la pandemia

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Abraham Afcha I Twitter: @abrahamafcha
Abraham Afcha I Twitter: @abrahamafchalunes, 9 de noviembre de 2020

«Los futbolistas vivimos en un mundo de fantasías, de viajes, de hoteles y demás. Esto nos puso los pies sobre la tierra». La frase le pertenece a un jugador profesional de fútbol en Bolivia, un país en el que el sentido de esta oración pega con mucha mas fuerza, pues se trata de una disciplina en la que muchos de ellos tienen que luchar con varias dificultades, producto de deudas y poca estabilidad institucional que padecen los clubes.

Para muchos, jugar fútbol es el trabajo soñado, pero cuando se conoce el día a día de aquellos que hacen vida en este país de poco más de once millones de habitantes y que tienen que lidiar con problemas que van más allá de la cancha, este bonito sueño se pone en duda. Si a las dificultades ‘habituales’ del fútbol boliviano le agregas la crisis que se desató a causa del Coronavirus, se encuentran realidades que transforman la ilusión en un infierno insoportable.

La División Profesional en Bolivia no es la Liga Española de Fútbol o la Bundesliga; Real Potosí tiene un logo similar al del Real Madrid, pero está lejos (quedándome infinitamente corto) de tener una economía como la del cuadro blanco. Incluso, la realidad salarial cambia entre lo que gana un jugador que milita en un ‘grande’ del balompié nacional a lo que percibe un joven que puede estar comenzando en Guabirá.

¿Se imaginan a Lionel Messi haciendo Delivery en Barcelona para cubrir las rebajas salariales producto de la pandemia o a Sergio Ramos ofreciendo productos de bioseguridad en la Gran Via de Madrid para hacer unos pesos y tener para comer? ¡IMPOSIBLE! Pues bien, Messi y  Ramos son jugadores profesionales y el mismo rotulo llevan estos chicos del fútbol boliviano que tuvieron que reinventarse para palear la crisis del Coronavirus, tras distintos descuentos salariales que, a veces, ni fueron cancelados.

Sus historias merecen ser contadas, porque durante los últimos meses, el futbolista profesional en Bolivia pasó de ser guardameta a comerciante de ropa vía online a o vendedor de productos de Bioseguridad, de marcar goles montar su propia barbería o una granja y de defensor a trabajar como delivery o vender postres tres leches. Bienvenidos a una cruda realidad, contada por los protagonistas.

Brahian Égüez: La Barbería del gol

Cuando Real Santa Cruz decidió suspender los entrenamientos a causa de la cuarentena rígida que se estableció en Bolivia a partir de la tercera semana de marzo, Brahian Égüez no se imaginó la magnitud que iba a tener el Coronavirus sobre su rutina y de como los planes que había dibujado en la cabeza, junto a su esposa, iban a realizarse antes de lo previsto.

El mediocampista de 28 años confiesa que le costó mucho entrenar en casa, pues está acostumbrado a la exigencia que ponen cancha sus compañeros y el cuerpo técnico de ‘Pepe’ Peña. Sin embargo, encontró en su familia el refugio para acostumbrarse a los entrenamientos a distancia, convirtiendo su casa en el sitio de entrenamiento, buscando mantenerse siempre en forma y activo ante cualquier novedad.

«En el grupo, al que menos le deben, le adeudan unos cuatro meses» 

No obstante, el compromiso que él cumplía en cada sesión de trabajo no fue respondido por su institución, que cuando suspendió el trabajo presencial ya adeudaba salarios a sus jugadores y que posteriormente sentó a cada uno de ellos para negociar la reducción de sus salarios a partir de marzo y hasta mayo, con una base de cobrar 50% del primer mes y solo 25% de los siguientes dos meses.

«Cuando llegamos  a negociar fue todo muy incomodo porque también tuvimos que entenderlos a ellos porque no les entraba dinero. A mi me cancelaron hasta abril, aunque arreglé hasta el mes de mayo y por ahora sigo esperando. Hay muchos compañeros que tienen la necesidad de llevar el dinero a la casa para sus hijos, los extranjeros están acá solos y la verdad es que la situación es preocupante para todos», apunta el espigado mediocampista, quien lamenta que la ausencia de la dirigencia para solventar estos problemas y ofrecer respuestas.

Sin sueldo asegurado y con solo una cuota de dos meses que cobró en base al arreglo salarial, Égüez no se quedó sin hacer nada y decidió invertir su plata en una idea que ya había dibujado previamente con su esposa: una barbería con tema de fútbol.

Egüez y su equipo de trabajo en la ‘Soccer Barber Shop’. Fotografía: Facebook Brahian Égüez.

Animado por su mujer, Brahian agarró los ahorros que tenía y montó la ‘Soccer Barber Shop’ en Santa Cruz, específicamente en la Avenida Plan 3000. «La abrimos en junio. Cuando uno no puede salir a trabajar y el equipo no paga, pues evidentemente ayudó muchísimo la barbería en estos tiempos. Al principio costó, pero creo que si lo sabemos llevar nos va a ir bien». Todo un emprendedor que encontró en este negocio una formula para palear los nulos ingresos como futbolista profesional.

Égüez confiesa que no tiene ni idea de como cortar pelo, pero para eso se refugió en su cuñado, que cumple el oficio de barbero. Él fue clave para conseguir a otros tres profesionales y darle rienda suelta a una iniciativa que su mujer le había sugerido antes de la cuarentena. El concepto del local no podía ser otro que el fútbol y por eso el negocio está acondicionado para vivir una experiencia que engancha al apasionado de este deporte y que ya es conocida entre sus compañeros de equipo y en otros colegas de Santa Cruz.

«Tengo compañeros que ya saben de la barbería y siempre andan jodiendo, diciendo que les corte gratis, pero hasta ahora han ido que es lo importante. Quiero que al próximo año podamos abrir una nueva sucursal en Santa Cruz, también quisiera tener una franquicia en otra ciudad. Lo que quiero es seguir aprendiendo para que la gente se sienta cómoda y vea que lo atendemos muy bien», dice ilusionado y entre risas Brahian, quien está a cargo del negocio por las tardes, mientras que por la mañana (cuando entrena), su hermano está al mando.

«En estos tiempos, la barbería ayudó mucho. Ojalá que algún dirigente aparezca y de soluciones» 

Por ahora, la barbería funciona muy bien, pero el volante ofensivo no se olvida que aun debe resolver el tema salarial con Real Santa Cruz, de quien espera una respuesta, al igual que todos sus compañeros. Recientemente, el club apenas y les dio 100 dólares a cada uno, algo que molesto a todo el grupo.

«Por ahora pensamos en entrenar, ojala que algún dirigente aparezca y nos de soluciones. Con la utilería y cuerpo médico también están pendientes de sueldos desde hace ocho meses y entre el grupo al que menos le deben podría estar en unos cuatro meses«, reclama con una voz llena de calma y paciencia el jugador del cuadro cruceño.

Esa tranquilidad que refleja Brahian Égüez al hablar es la que le permite hoy resaltar como gran aprendizaje el hecho de valorar las cosas que tiene, reflexionando también sobre lo que le puede dejar a sus hijos y a su familia.

Por ahora, el futbolista sigue de pie, quiere volver a la cancha, pero su debut como emprendedor fue exitoso y no se pone ningún tipo de límites. ¿Listos para pasar por la Soccer Barber Shop

Conoce la historia completa de Brahian Égüez y su barbería. ¡Dale Play!

Gustavo Salvatierra: La moda está presente

La historia de Gustavo ‘Chula’ Salvatierra no es sencilla y por ende vale la pena destacarla por distintos factores: la firmeza e insistencia que ha tenido como jugador, junto a la creatividad y capacidad que tuvo para adaptarse al mercado digital. Presten atención.

El hoy golero de Real Potosí no las ha tenido todas consigo en su trayectoria, pues ha tocado el cielo llegando a planteles de peso como Wilstermann o The Strongest, así como ha tenido que apretar los dientes para percibir sueldos a cuentagotas desde noviembre del año pasado, militando en equipos que no gozan de una economía solida.

«Vendimos tres cargas de inmediato, no cobrábamos el envío y yo la entregaba en bicicleta»

Salvatierra tuvo un 2019 para el olvido, pues se lesionó el tendón de Aquiles estando en San José y el equipo orureño le quedó debiendo cinco meses de sueldo. Posteriormente recaló en Universitario de Sucre para jugar el ascenso, pero no lo alcanzó, quedándose sin cobrar desde el penúltimo mes del año pasado.

Recaló en Real Potosí y llegó la pandemia, otro obstáculo que debió superar. En medio de eso, se quedó sin entrenador, pues a los pocos días que el cuadro lila suspendió entrenamientos, se conoció que el técnico Marcos Ferrufino no seguiría al frente, por lo que Salvatierra y sus compañeros tuvieron que buscarse la vida para entrenar…y para vivir.

Como todos los equipos de la División Profesional, Real Potosí negoció las rebajas salariales con sus jugadores y a partir de allí empezaron las preocupaciones, esas que cualquiera tendría si le dicen que empezará a ganar entre 25%  y 50% de sus salarios normales, que de paso a veces no llegan a las cuentas.

«Fue complicado negociar los sueldos porque no tenia otro ingreso aparte del futbol. Uno nunca sabe lo que puede pasar y esta pandemia sirvió para que los futbolistas pusiéramos los pies sobre la tierra porque nosotros vivimos en un mundo de fantasías, de viajes, de hoteles y demás. Aceptar el acuerdo fue complicado, pero no nos quedaba de otra», comenta Salvatierra, que recibió lo acordado tres días después de decir que si a la propuesta, pero que después no tuvo más contacto con la dirigencia de su equipo por los siguientes meses. «Fue plata para hoy, pero hambre para mañana. Muchos aceptamos el acuerdo, pero eso se fue gastando y otra fuente de ingreso no había», sentenció el golero, que junto a su esposa empezaron a pensar en como podían generar recursos.

«Para mi hubiera sido fácil entrenar y sin pensar que hacer, pero mi esposa fue la que me dijo que nos íbamos a quedar sin plata y que teníamos que hacer algo»

El ‘Chula’ Salvatierra en plena acción. Fotografía: Instagram Gustavo Salvatierra.

«Mi primera idea fue hacer transporte para la gente en una bicicleta. Después, mi esposa me dijo que había una posibilidad de vender pijamas porque como toda la gente estaba en casa, era lo que mas usaban y decidimos en eso, allí nos fue muy bien». Salvatierra es portero, pero ese fue el primero de tres golazos que iba a marcar, con su esposa haciendo asistencias de gol que ni la mejor versión del ‘Pibe’ Valderrama podría haber hecho.

Y es que después de las pijamas, hicieron un estudio de mercado sobre otro producto que la gente estaba usando demasiado al estar en casa, por culpa de la pandemia: frazadas para combatir el frio invernal de mayo.

«Vendimos tres cargas de frazadas de inmediato, ofrecíamos llevarlo a la casa sin cobrar el envío, yo hacia la entrega en el carro o en bicicleta». Segundo golazo de la familia Salvatierra y no se quedaron quietos, porque vino uno de chilena, con una idea que hasta ahora ejecutan y que les permitió combatir la incertidumbre económica que deja el fútbol boliviano.

«Cuando la cuarentena se flexibilizó un poco más, decidimos vender ropa de hombre y mujer, pero mas organizado. Un primo de mi esposa nos asesoró en el tema de marketing, imagen, redes sociales. Vimos que en el Marketplace de Facebook salía pura ropa de mujer y decidimos hacer una pagina de venta de ropa para organizarnos mejor», relata Salvatierra, quien ahora combina su labor de portero en Real Potosí con la de empresario digital en el rubro de la moda, bajo una marca que mueve bien su mercancía.

«Pensamos que logo ponerle y darle un nombre y le pusimos LUSA, porque mi hijo se llama Luan Salvatierra y de ahí salió. Contactamos a un amigo que es diseñador en Sucre, nos lanzamos y la verdad es que nos está yendo muy bien». Efectivamente, la tienda está en Facebook bajo el nombre de LUAN Tienda Online y allí la gente encuentra ropa de todo tipo (pantalones, poleras, zapatillas, gorras, etc) para varones, damas y niños.

«Fue plata para hoy, pero hambre para mañana. Muchos aceptamos el acuerdo, pero eso se fue gastando y otra fuente de ingreso no había»

La iniciativa comenzó en Facebook y luego pasó a Instagram; cualquier pedido se hace por la página de Facebook y Salvatierra comenta que en Potosi y Cochabamba la entrega es gratuita. Además, hacen envíos a nivel nacional sin ningún problema. Gracias a dios se hizo conocida la tienda y pronto queremos abrir una tienda fisica.

«Para mi hubiera sido fácil entrenar y sin pensar que hacer, pero mi esposa fue la que me dijo que nos íbamos a quedar sin plata y que teníamos que hacer algo», confiesa el ‘Chula’, quien señala que pronto esperan abrir una tienda física.

El portero del cuadro lila sabe que esto es lo que permitió estar tranquilo durante una época tan complicada y entiende además que trabajar en el fútbol boliviano obliga a reinventarse constantemente, debido a las complicaciones que conlleva ser profesional en este país.

Así es el Fanpage de LUSA, la tienda online de Salvatierra y su esposa.

«Todos los que nos dedicamos a esto aspiramos a por lo menos tener un colchón económico para cuando lo dejemos. Ser futbolista en Bolivia es complicado. Todos soñamos con estar en un equipo grande  porque son los mejores pagados, pero estar en otros equipos es difícil por el tema de retrasos de sueldos», concluye el guardameta.

Como a todos, la pandemia y esta cruda realidad le dejó una enseñanza a Salvatierra, quien considera que es clave tener un Plan B en esta ingrata profesión, que además nunca sabe cuando puede llegar a su fin. Por eso, el ‘Chula’ se prepara para tener su propia escuela de fútbol más adelante, pero también quiere ser profesional y busca retomar su carrera de Ingeniería Civil para concluirla.

Por ahora, el fútbol sigue siendo su pasión y todavía le queda carrera por delante, pero ahora la sabrá combinar con la venta de ropa, esa que le permitió darle estabilidad a su familia en estos tiempos. Salvatierra es otro ejemplo a seguir cuando se habla de no rendirse.

Conoce la historia completa de Gustavo Salvatierra y su tienda online. ¡Dale Play!

Roberto Rivas: Seguridad en el arco y en la salud

Jugar fútbol profesional en Bolivia es complicado, como lo reflejan las historias anteriores. Ahora bien, ser profesional en el Club San José de Oruro es el doble de difícil, ya que no hay dudas que es la institución que más complicaciones ha tenido en los tiempos recientes.

Las deudas azotan al cuadro orureño desde el año pasado y se han llegado a acumular tanto que este equipo debe casi 5 millones de dólares, por el mal manejo dirigencial que se lleva a cabo en la institución desde distintas gestiones, incluida esta que preside Huascar Antezana.

«No me dio vergüenza, al final uno tiene que ingeniárselas para generar recursos»

Por eso, para Roberto Rivas y sus compañeros, la pandemia fue un Everest difícil de escalar. No solo se tenían que preocupar por su salud y la de los suyos, sino por la incertidumbre que tiene este equipo, en la que los jugadores apenas y han cobrado ciertos porcentajes de sus salarios en el último año.

«A mi me pagaron siete días del mes de enero y pudimos cobrar 50% de marzo y 50% de abril gracias al aporte que dio CONMEBOL y FIFA. Hasta el día de hoy no vimos ni un solo peso más por parte de la dirigencia», apunta Rivas, un golero de 35 años que al igual que el resto de los profesionales ‘santos’ quedó abandonado por sus directivos, quienes les dijeron que el año deportivo para ellos culminaba en el mes de mayo y que después de eso, la institución finiquitaba el vinculo con los jugadores profesionales.

Rivas sufrió con dureza los efectos del Coronavirus. Él lo padeció, al igual que su mamá, quien estuvo delicada por ser una persona de mayor edad. Otros miembros de su familia también cayeron contagiados, por lo que no fueron días fáciles para él y su familia.

Rivas posa con los guantes de portero que ahora comercializa.

«Por parte de la dirigencia no tuve ningún contacto cuando pasé por esto, yo esperé que algún dirigente apareciera para al menos ofrecerme una aspirina, pero nada. Nos la tocó jugárnosla para conseguir otros recursos, generando otros negocios, porque la familia te pide», revela el guardameta, quien ante la falta de empatía de su club y el incumplimiento salarial, no le quedó otra que salir a vender productos de Bioseguridad para generar algunos pesos que sirvieran para comer.

«En agosto, septiembre, fue que empecé a ofrecer los productos, sabiendo la realidad que teníamos en San José. Nos ilusionaron con que iban a pagar, con que íbamos a cobrar un sueldo completo, pero todo quedó en nada. Un familiar me dijo que era un negocio que no se ganaba mucho, per daba algo; invertí 800 bolivianos (poco más de 100 dólares) y compré 50 mascaras de seguridad», manifiesta Rivas.

Su forma de vender fue sencilla, pues el portero de la ‘V Azulada’ empezó primero promocionando por sus estados de Whatsapp y en su perfil de Facebook, lo que hizo que sus amigos y familiares en Cochabamba les compraran algunas. Sin embargo, cuenta que necesitaba salir a vender y por eso se fue a Oruro, en donde se le agotó el stock.

«Me vine a Oruro y en una marcha de los hinchas de San José me fui por ahí a dar una vuelta, algunos hinchas me reconocieron y me ayudaron, incluso el gobernador Zenón Pizarro me reconoció y me compró varias mascaras faciales. Después empezaba a vender en las calles, comercializaba gritando ‘mascaras mascaras, protectores’…no me dio vergüenza, al final uno tiene que ingeniárselas para generar recursos. Algunas personas empezaron a llamarme y yo se las entregaba en su domicilio. Gracias a dios terminé todos los productos», relata orgullosamente Rivas, que al final obtuvo una ganancia de unos 250/300 bolivianos (unos 40 dólares), que le sirvieron para palear un poco la crisis económica que padeció.

No obstante, el experimentado guardameta no se quedó quieto y ahora tiene otra iniciativa para generar recursos ya que en San José, la crisis dirigencial es tan grande que está lejos de resolverse. Mucho menos ahora que la directiva que preside Huascar Antezana decidió no contar más con los jugadores profesionales y entrena con futbolistas juveniles, pues con al otro grupo le dijo que solo les pagarían hasta el mes de mayo, a pesar que tienen contrato vigente.

«Por parte de la dirigencia no tuve ningún contacto cuando pasé por esto, yo esperé que algún dirigente apareciera para al menos ofrecerme una aspirina, pero nada»

Rivas, quien está a cargo de sus dos hijas, su madre, su hermano menor y apoya económicamente a otras dos hermanas y a su ex esposa, pasó de vender mascaras a guantes, pero esta vez no son de bioseguridad, sino guantes de portero que comercializa gracias a la empresa que lo patrocina que es RG Bolivia.

«Hay varios arqueros que me hablan y me piden los guantes y así los voy ayudando. De ese modo estoy ahí, me bandeo. Son muy buenos los guantes, por algo Roberto Rivas ha rendido bastante (risas). Doy buenos descuentos y son muy buenos. Todos los que han adquirido los guantes, no han tenido ninguna queja». Un crack total.

Roberto Rivas cuenta todo esto con una sonrisa y una simpatía que lo caracteriza como persona, pero de vez en cuando cambia su semblante y se muestra preocupado porque lo que pasan él y sus compañeros en Oruro no debería estar ocurriendo

«La función del futbolista es entrenar de la mejor manera, alimentarme bien, ser profesional, rendir en los partidos y esperar mi salario, además de dar alegrías; la de los dirigentes es preocuparse porque el equipo vaya bien, por tener buena infraestructura, por dar condiciones. Nosotros no tenemos porque estar en problemas administrativos», lamenta el portero quien admite haber tocado fondo, pero que a pesar de las preocupaciones, agradece estar bien de salud en medio de la pandemia.

Rivas cierra con una enseñanza final que se repite en cada uno de los futbolistas que ha padecido estos inconvenientes y es saber valorar que tienen en su momento, por poco que parezca. «Entiendo ahora también que hay que ahorrar, cuidar la plata y sobretodo, saber que el futbol no lo es todo».

Antes de despedirse, lanza un dardo a los conflictos dirigenciales que atraviesa la Federación Boliviana de Fútbol, responsable de organizar el circuito profesional en el país, pero a la que acusa de «estar de cabeza» debido a la división reinante que atraviesa el ente federativo y que no ayuda para que las instituciones avancen.

A pesar de todo, Rivas cierra con una sonrisa, esperanzado porque el fútbol pueda volver y así el pueda estar bajo los tres palos del arco ‘santo’ o de cualquier otro equipo. Seguro recibirá algunos goles, pero ya evitó unos cuantos gracias al ingenio y su capacidad para reinventarse y salir al frente, con los puños en alto como buen portero, evitando que cayera el pórtico familiar.

Esta es la historia de reinvención de Roberto Rivas, conócela a fondo. ¡Dale Play!

Dico Roca: Entrega inmediata

Cuando se es joven hay una característica particular que es querer comerse al mundo. Esa virtud está en el defensor de Gubirá, Dico Roca, que con sus 23 años va por su cuarta temporada en el equipo azucarero, dispuesto siempre a mejorar y hacerse un espacio en el complicado espectro del balompié boliviano.

El lateral cruceño nos atiende con una sonrisa y con mate en mano, dispuesto a contar su historia, mientras se recupera de una lesión en el cuadricep. Él está feliz porque su equipo volvió a entrenar y ya puede compartir nuevamente con sus compañeros, algo que ahora valora más que nunca.

«Mi meta era hacer 100 bolivianos diarios, a veces llegaba, pero a veces no»

No obstante, en medio de la pandemia hubieron días en los que Dico no estuvo feliz, sino preocupado. El motivo, al igual que el resto de los protagonistas, era afrontar una dura rebaja salarial en un club que no se caracteriza por pagar sueldos altos y mucho menos a chicos como él que no tienen tanto recorrido, tal y como el mismo lo reconoce.

«Con el tema de la pandemia uno se iba preocupando y me preguntaba que iba a pasar con los sueldos, porque uno lo tiene todo administrad. Cuando nos dicen que pasaremos a ganar la mitad y después menos, empiezan las preocupaciones por las deudas y porque el bolsillo se va disminuyendo», explica el polivalente defensor al recordar esos momentos en los que su salario se redujo bruscamente.

Las preocupaciones aumentaron cuando llegó la fecha de cobrar ese porcentaje de salario y no se cumplía la cancelación, algo que se repitió en más de una ocasión en Guabirá y que puso contra las cuerdas a Dico Roca. Ese fue el punto de inflexión para tomar una decisión y salir a trabajar de algo que muchos hicieron durante la pandemia.

Dico Roca mientras cumplia la labor de Delivery. Fotografía: Cortesía.

«Hablé con mi señora y en junio tomé una decisión de salir y hacer Delivery, cuando en Santa Cruz empezaron a permitir ese trabajo, ahí salí y eso ayudó muchísimo», cuenta el futbolista quien trabajó en este oficio por casi dos meses, generando los recursos mínimos para soportar la cruda pandemia. Todo lo hizo bajo su propia iniciativa, comenzando en una bicicleta.

«Lo hice por mi cuenta. Mandé el mensaje a amigos, familiares, que si necesitaban algo que me hablara porque había conseguido un permiso. A ellos también les agradezco por avisarme y por llamarme. Al principio empecé en ‘bici’ porque era mas fácil salir así, después pude sacarme una moto porque era mas fácil y podía hacer más carreras», cuenta Roca, un jugador profesional al que no le quedó de otra que hacer el trabajo porque sus ahorros se estaban acabando.

Todo esto lo hacía combinando su rutina de entrenamientos a distancias, la cual nunca descuidó porque sabía que tenía que seguir estando en forma y prevenido para cuando el fútbol pueda regresar. Eso si, los días nunca eran iguales para Dico, quien a veces le tocaba entrenar en la mañana y hacer delivery en la tarde, como en otras ocasiones despachaba en la mañana y hacia sus entrenamientos en las tarde.

«No tenía una rutina fija. Variaba mucho de cuando me llamaban, era buscársela y estar pendiente de todo. A veces tenía mas de cinco carreras, como en otros días quizás no hacia ninguna. Mi meta era hacer 100 bolivianos diarios (unos 15 dólares), a veces llegaba, pero a veces no», nos reveló el futbolista.

Adaptándose a las necesidades, Roca confiesa que en cada trayecto que pedaleaba, se ponía a pensar que nunca si imaginaba estar haciendo una cosa completamente distinta a su trabajo habitual que es el fútbol y eso le abrió los ojos. «Allí valoras el trabajo que uno tiene y te das cuenta que lo mucho o poco que ganas, la importancia de ganarlo haciendo lo que te gusta.

«No estamos al día, pero al menos tenemos su palabra de que va a cumplir»

Dico no solo pudo subsistir dos meses gracias a esta labor, sino que además fue ejemplo para otro de sus amigos y compañero de trabajo en Guabirá, Jorge Lovera, quien lo emuló y también se puso a trabajar como delivery para hacer unos cuantos pesos que terminan siendo valiosos.

Hoy en día, el cruceño utiliza la bicicleta o la moto para llegar al entrenamiento y no para despachar productos a quienes lo llamaban, tras regresar a los entrenamientos con su equipo. Sin embargo, la incertidumbre aun no termina, aunque confía en los dirigentes del club.

«Estábamos muy inciertos hasta no hace mucho, afortunadamente ya arreglamos el tema salarial con el presidente, estábamos preocupados porque no aparecía nadie para hablar con nosotros. No estamos al día, pero al menos tenemos su palabra de que va a cumplir», señala el jugador.

Desde su hogar, Dico cierra con una sonrisa y valorando absolutamente todo lo que tiene. Además, asegura que esta situación lo ha puesto a pensar para buscar estudiar una carrera que le guste y así ser profesional como su esposa, que es nutricionista y quien fue un gran apoyo durante este tiempo.

Mientras tanto, él se ilusiona con volver a jugar, aunque el fútbol boliviano siga sin resolver sus problemas internos y se mantiene en el territorio de la incertidumbre, siendo la única liga en Sudamérica en donde la pelota aun no ha vuelto a rodar, dejando a sus futbolistas a merced de muchas dudas.

La historia de Dico Roca y el Delivery es para verla completa. ¡Dale Play!

Entre granjas y postres

Las historias de Brahian Éguez, Gustavo Salvatierra, Roberto Rivas y Dico Roca son cuatro ejemplos claros de como el futbolista boliviano tuvo que apelar a la creatividad para generar recursos ante la pobreza de un balompié en el que sus equipos son azotados por deudas e irresponsabilidades en la dirigencia.

Así como ellos cuatro, existieron iniciativas de otros jugadores que se vieron obligados a reinventarse para comer y superar los problemas económicos, ejerciendo oficios dignos, pero muy distintos a la profesión que escogieron, porque el hambre no espera.

«Vendo arroz con leche, postre de tres leches. Esto es jodido porque nunca pensamos que la situación iba a llegar tan a fondo»

Tal es el caso de Gabriel Rios, ex jugador de Aurora y que hoy juega con Independiente de Sucre. Su historia es también para destacar, pues debido a los problemas económicos de su antiguo equipo, decidió separarse de la institución y montar su propia granja en Santa Cruz.

Así lo reveló en su momento el atacante, quien tras no recibir respuesta del cuadro cochabambino, emprendió de una forma curiosa, para generar recursos para él y los suyos. Lejos de la cancha, el jugador invirtió parte de su dinero en el campo para ponerlo a trabajar y tener mejores días.

No fue lo único que hizo Ríos en esta pandemia, ya que en su momento el jugador repartió pan a las personas más necesitadas, panes que él hacia junto a su abuela en Santa Cruz y que repartía en bicicleta entre las familias de escasos recursos en su ciudad natal.

Ríos en plena faena en su granja en Santa Cruz. Ftgrafía: Gabriel Ríos/Diario Opinión.

La capacidad de reinvención del futbolista que trabaja en Bolivia no tiene límites y cuando la necesidad aprieta, toda idea es valida. Algunos vendieron ropa como Salvatierra, otros hicieron delivery como Dico Roca y otros vendieron postres, como el colombiano César Mena.

El jugador que mantiene vinculo con San José, aunque permanece en Colombia, también padeció la incertidumbre dirigencial del cuadro orureño, como su compañero Roberto Rivas, y en vista de que el club lo dejó en el abandono tuvo que ponerse a vender postres con su esposa para generar algo de dinero.

«Vendo arroz con leche, postre de tres leches. Esto es jodido porque nunca pensamos que la situación iba a llegar tan a fondo», contó Mena en su momento a Deporte Total.

Al igual que Rivas, el antioqueño también responsabilizó al mal manejo dirigencial del directorio de Huascar Antezana, que los abandonó por completo. «Una persona que es consciente que los futbolistas viven de esto y tienen familia, algo hace. Pero él (Huascar Antezana) no hace ni lo uno ni lo otro, es muy preocupante porque no sabemos que se hará con este club», declaraba en julio el defensor, quien a día de hoy sigue en su patria.

Si llegaste hasta aquí, te habrás dado cuenta de que es difícil ser futbolista profesional en Bolivia. Si, hay clubes que pagan sueldos suculentos, pero hay otros que apenas y pueden dar estabilidad a los jugadores en este país. La Pandemia dejó al desnudo la crisis de un fútbol que sigue sin regresar y en el que sus protagonistas tuvieron que buscarse la vida, para salir a flote. A todos ellos, nuestro eterno respeto.